lunes, 13 de junio de 2011

CAMBIAR ES POSIBLE

Cambiar es posible, sin importar la etapa de la vida que se esté transitando. Siempre se está a tiempo de recuperar el rumbo alguna vez perdido, o de iniciar el camino verdadero que siempre se anheló y que no se pudo, no se quiso o no se supo emprender.

Lo importante es saber qué es lo que se quiere cambiar y cómo se quiere llegar a ser.

Todos se pueden dar cuenta cuando se sienten bien y plenos, de qué es lo que produce esa transformación. Es un sentimiento de calma interior, de equilibrio, de plenitud, de confianza en si mismo y de satisfacción, cuando se experimenta estar en el lugar que se quiere estar, haciendo lo que a cada uno le gusta.

Por alguna razón muchos postergan su propia realización personal, porque creen que ya es tarde, que no pueden o que no se lo merecen. No pueden darse cuenta, que la felicidad que sienten expresando quienes son, los transforma también como personas, que cambia su actitud hacia la vida y hacia sus relaciones.

Poder desarrollar lo que está potencialmente en cada uno, es una aspiración a la que no se debe renunciar, cuando se sufre infelicidad o se comienza a sentir que está faltando algo.

El cambio debe ser interno, o sea de adentro para afuera, evitando temores, prejuicios, ideas preconcebidas y arriesgándose a emprender la aventura de iniciar una nueva forma de vida con férrea voluntad y sana convicción.

No se trata de intentar ser otro sino de realmente ser quien se es, trascendiendo los condicionamientos del pasado y las viejas creencias y atreviéndose a ser distintos.

Esa necesidad primordial estuvo siempre, pero permanecía tapada por una serie de antiguas estructuras aprendidas que en su momento sirvieron para adaptarse.

Tal vez la insatisfacción interior se manifestó siempre de alguna manera sin saber interpretarla, obstaculizando las relaciones, alterando el carácter, o transformándose en enfermedades recurrentes o en síntomas migratorios que trataban inútilmente de llamar la atención.

El cambio nos enfrenta a lo desconocido, porque nos hace sentir inseguros y tememos las pérdidas, aunque ya no signifiquen nada para nosotros.

Cambiar es difícil para todos, pero es preciso saber que cuando uno cambia todo cambia alrededor, las personas y las cosas, principalmente porque se las ve con otros ojos.

El cambio obliga a aprender una nueva forma de relacionarse con el mundo y con los demás.

La vida nos brinda oportunidades para cambiar, situaciones que hacen que el entorno se modifique y que obligan a cambiar las estructuras, como las pérdidas, los accidentes y a veces hasta las enfermedades. Porque las crisis son las mejores detonantes para el cambio, encrucijadas que hacen que ya nada importe.

Sólo se puede cambiar si se tiene una intención genuina propia y se puede lograr poco a poco, dándose el tiempo que se necesita pero con la sólida firmeza de no volver atrás.

Cambiar obliga a hacerse cargo de la propia vida, a ser capaces de hacerse responsables de los actos y a enfrentar nuevos desafíos.

Los cambios producen temor aún ante la perspectiva de que se cumplen todos los deseos, porque se puede tener miedo hasta de sentirse mejor.

El cambio es un proceso, lo importante es que sea consistente y no haya renuncias o retrocesos.


Cambiar y ser uno mismo. Filosofía en la guía 2000